Creyó que era la guerra Enviado por vicente en Miércoles, 20 Junio, 2012



marco romero 20/06/2012

Pocas escenas ha dado el conflicto minero que sean más crueles que ver a los mayores de un pueblo acobardados, caminando aterrados de puerta a puerta, en el mejor de los casos escoltados por sus vecinos más jóvenes y rodeados de una violencia que habían olvidado hace lustros. Y ayer en Ciñera se volvieron a reproducir escenas de angustia y desesperación durante los virulentos enfrentamientos entre los mineros de la montaña central y los agentes antidisturbios dentro del casco urbano. «Creía que era la guerra», comenta asustada una mujer sobre una anciana vecina que pasó un mal momento al escuchar los disparos de las pelotas de goma y los voladores que se cruzaron mineros y agentes del GRS por las calles de esta población montañesa. Es la tercera vez que las barricadas que bloquean el tráfico en la nacional 630 y las vías del tren entre Asturias y la meseta provocan una carga de la Guardia Civil en el interior de Ciñera. En esta ocasión, los agentes han dado un paso más y han llegado hasta la calle principal, hasta el parque e, incluso, se adentraron en los característicos callejones de este pueblo, algo que no habían hecho hasta ahora. Un helicóptero sobrevoló la zona durante toda la refriega y, al menos, dos hombres vigilaron la evolución de la batalla desde una cima, se cree que incluso grabándola.


Su irrupción fue contundente, sin advertir su presencia y sin invitar a abandonar, algo a lo que acostumbran. Directamente avanzaron a trote por el primer acceso del pueblo, sin enfrentarse directamente al piquete de mineros que les esperaba con su artillería casera en la N-630. Tomaron posiciones y efectuaron la carga a diestro y siniestro. Antes, un grupo de mineros que les lanzaba voladores desde el campo de fútbol consiguió dividir al grupo en dos. Ya en el pueblo, la guerra cruzada entre unos y otros fue realmente brutal. Fueron 45 minutos eternos. Entre la una menos cuarto y la una y media de la tarde, daba la sensación de que todo iba a saltar por los aires. Pero una decisión de despacho replegó a los antidisturbios. Los mineros les persiguieron hasta los coches a toda prisa, hasta que desaparecieron en sus vehículos. «¡Qué viva la lucha obrera!», gritó el primero, al que siguieron todos los demás: «Aquí están, estos son, los que sacan el carbón». «No nos vamos a rendir».


Todos volvieron al puente de la nacional 630, donde quedaban barricadas de neumáticos y alquitran por quemar. Finalmente se disolvieron. El corte de carretera en Ciñera mantuvo el tráfico paralizado durante seis horas y media, desde las once y cuarto de la mañana hasta las seis menos veinte de la tarde. También a las once de la mañana, el piquete de mineros atravesaba contrapesos en las vías del tren, retiraba un semáforo y dejaba así cortado el tráfico ferroviario hasta las cinco y cuarto de la tarde. El corte afectó a un tren Alvia de Gijón a Alicante que viajaba con 118 pasajeros y que tuvo que interrumpir la circulación en la frontera entre León y Asturias. Los pasajeros fueron trasladados después hasta Valladolid en otro tren para que pudieran retomar sus destinos.


Cuando todo acaba, las calles de Ciñera parecen un escenario de película, no se sabe muy bien si de ciencia-ficción o bélica. No queda en pie ni un contenedor. Los cristales inundan las calzadas. Los montones de piedras que salpican el pueblo están medio descargados. Hay pelotas de goma por todos los rincones, ventanas y persianas rotas, restos de artillería, incluso aparece una porra extensible de metal. A esta hora, ni los perros son capaces de andar sin el rabo entre las piernas.

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